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Históricamente las mujeres de cualquier parte del mundo sueñan con que llegue a sus vidas un hombre que las colme de amor y las rescate de las adversidades.

Una vez creyendo haber encontrado a su adonis, le entregan lo más preciado de sus emociones; pero caducado el romance muchas de ellas se dan cuenta que comparten sus vidas con psicópatas y misóginos que hacen de sus 365 días un infierno hasta convertirlas en seres inseguros, deprimidos y con pensamientos recurrentes de suicido.

La violencia se ha “naturalizado”

La psicóloga Ana Marín y la socióloga Raquel Marcano; de la Gerencia de Atención Integral y Prevención de la Violencia contra las Mujeres del Instituto Nacional de la Mujer (INAMUJER), en Venezuela, informaron que el maltrato psicológico contra la mujer se ha naturalizado en la sociedad y que la población en general también debe asumir esta lucha como suya.

¿Son camaleónicas las distintas formas del maltrato psicológico hacia la mujer?

Los gritos, insultos y humillaciones; los entendemos como agresiones psicológicas evidentes, pero hay otros ataques sutiles y naturalizados que de manera progresiva van configurando situaciones de violencia psicológica hacia la mujer y van escalando y haciéndose más intensos. Algunos de las más frecuentes son: el menosprecio al trabajo doméstico y a sus proyectos personales; así como las comparaciones destructivas con parejas anteriores, las ridiculizaciones frente a los amigos y las descalificaciones a su cuerpo y arreglo personal.

Asimismo, la mujer es víctima de maltrato psicológico cuando son degradadas sus cualidades y capacidades de desempeño en los diversos espacios de la vida. De igual manera cuando se genera una dependencia económica y emocional con el agresor a través de un saboteo a sus actividades sociales; personales y productivas.

Por otra parte, cuando la mujer desea independizarse, su pareja la manipula por medio de la culpa; haciéndola sentir que no está cumpliendo su rol como madre.

Entre las estrategias que utilizan los agresores, se encuentran: la culpabilización permanente a las mujeres, el juicio permanente a sus opciones de vida; el aislamiento a su círculo social y familiar; frenan sus posibilidades de independencia, y algunos manipulan a los familiares y vecinos mostrándose como hombres ejemplares; reforzando la naturalización de la violencia y promoviendo el juicio a la mujer.

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¿Qué papel juega la intuición femenina para huir de un psicópata o misógino?, antes de llegar a identificar abiertamente el abuso de comportamientos inapropiados; gestos violentos y acciones físicas del agresor
contra sí mismo y su entorno.

En primer término es importante romper con el mito de la patologización del agresor, pues la violencia machista en la mayoría de los casos la ejercen hombres considerados comunes dentro de la sociedad  patriarcal.

La intuición podría ayudar a la mujer conectada con sus emociones e informada de sus derechos; pero realmente al ser un problema cultural de naturalización de la violencia, poco se puede hacer caso a lo intuitivo.

Como ejemplo a lo descrito tenemos que si un hombre concibe la relación de pareja desde el control a su compañera buscándola en todas partes, pidiéndole itinerario de todas sus actividades e impidiéndole tener un espacio personal; con frecuencia será percibido socialmente como un hombre “caballero”, “servicial”, tanto por la mujer como por su entorno; porque se ha considerado normal.


¿Qué tan letal puede ser el maltrato psicológico en la vida de la mujer?

Nuestra Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, desde 2014 reconoce en el artículo 15, numeral 1; la inducción al suicidio como una de las 21 formas de violencia contempladas en la ley. Esta se describe de la siguiente manera: “es la consecuencia de la violencia psicológica; acoso, hostigamiento y amenaza que genera las condiciones para provocar la muerte de una mujer por motivaciones de género”.

¿Cómo puede salvarse una mujer de su depredador emocional? (tomando en cuenta que a muchas de ellas les toma años salir de una relación tóxica; sea por falta de autoestima, dependencia efectiva y económica).

El apoyo social es fundamental. Debemos entender que la violencia machista no es un fenómeno que sólo le concierne a la mujer agredida; sino a todos, por lo que deberá ser asumido con responsabilidad como un asunto público.

La mujer inmersa en el ciclo de la violencia; puede salir de el en la medida en que encuentre estructuras comunales que articuladas con instituciones del Estado puedan realizar el acompañamiento adecuado.

Denunciar el maltrato hacia la mujer

Los organismos de recepción de denuncias (ORD) deben seguir asumiendo su papel y evitando la revictimización; así como es necesario que se continúen asignando recursos suficientes a las políticas públicas en contra del maltrato físico y psicológico a la mujer. Nosotros también debemos sensibilizarnos con el tema y evitar hacer juicios de quienes se encuentran en esta situación.

¿Es cierto que algunas víctimas son propensas a repetir relaciones similares? ¿Cómo romper esas cadenas?

Es importante dejar de centrar el problema en la mujer; como si se tratase de un asunto personal de algunas mujeres. Es necesario poner el foco de la discusión en la cultura. Más que decir que “algunas víctimas son propensas a repetir relaciones familiares”; diríamos que la cultura patriarcal es siempre propensa a victimizar a la mujer a través de la violencia machista.


¿Cuál es su mensaje como mujer para quienes no logran romper definitivamente con una relación que atenta contra su salud mental y orgánica?

Que busquen ayuda, que no se aíslen y que formalicen la denuncia. Vivir una situación de violencia machista produce miedo y vergüenza; pero es importante romper el silencio con familiares, vecinos, amigos, organizaciones feministas y con instituciones públicas y privadas que trabajen con asuntos de la mujer. Siempre pedir ayuda y unirse a otras compañeras desde el espacio de preferencia; porque se trata de una lucha colectiva e histórica de las mujeres por sus derechos.

Por: María Teresa Canelones Fernández